Resumen
El presente artículo explora el impacto de la era digital en los derechos de las mujeres, destacando cómo las plataformas de internet, si bien han visibilizado los movimientos feministas, también han propiciado la proliferación de la “manósfera[1]” y la ciberviolencia extrema. Se analiza cómo esta violencia trasciende al mundo físico y se propone, como contraofensiva, el modelo de Trama Violeta. Esta iniciativa de la Corporación Centro de Apoyo Popular (CENTRAP) emplea la educación popular feminista, el concepto de empoderamiento “para sí mismas” y la “ciberfiloginia” para fomentar la apropiación tecnológica y la defensa activa de los derechos en un contexto de retrocesos políticos en América Latina.
- Introducción
En la actualidad, con más de 5.500 millones de personas conectadas a internet a nivel global, las plataformas digitales se han instituido como el eje central de las interacciones humanas. La era digital constituye un arma de doble filo: por un lado, funciona como un altavoz fundamental para la visibilización de los movimientos feministas; por otro, ha facilitado la organización del odio misógino a través de la llamada “manósfera”.
Las tecnologías digitales brindan nuevas oportunidades para la participación ciudadana y el ejercicio de derechos, pero traen consigo desafíos críticos como la vigilancia masiva, el ciberacoso, la desinformación y los sesgos en los sistemas de inteligencia artificial. Hoy en día, los datos son una fuente de poder capaz de influir en decisiones políticas y sociales, operando en contextos altamente vulnerables, como el de Colombia, considerado el país más riesgoso para defender los derechos humanos[2]. Frente a este panorama, ONU Mujeres subraya la importancia vital de los derechos humanos en el entorno digital y señala que la educación es el antídoto más eficaz contra la ideología misógina.
2. La Manósfera y la Materialización de la Violencia Digital
La “manósfera” no es un espacio aislado, sino una vasta y articulada red de comunidades que promueve el sexismo extremista y la supremacía masculina. Este ecosistema capta a niños y hombres jóvenes que enfrentan soledad y aislamiento, explotando sus inseguridades para convencerlos de que son víctimas del feminismo y del cambio social. En estos espacios, que incluyen a los Artistas del Ligue (PUA) y a los Incels (célibes involuntarios), se glorifica el consumo de narrativas misóginas bajo la metáfora de “tomar la píldora roja” (Red Pill), fomentando la ira hacia las mujeres. Actualmente, dos tercios de los hombres jóvenes consumen contenido de estos “influencers” de la masculinidad para buscar validación.
Esta narrativa tóxica, potenciada por algoritmos que premian la polarización, tiene repercusiones letales en el mundo exterior. Un ejemplo alarmante en América Latina es el caso de Alana Anísio Rosa en Brasil: tras rechazar a un acosador que consumía asiduamente contenido Red Pill, fue apuñalada 50 veces en su casa. Mientras la víctima se recuperaba, el ataque fue celebrado en TikTok mediante videos de hombres apuñalando maniquíes bajo la consigna “Entrenando por si ella dice ‘no'”, evidenciando cómo este discurso legitima el feminicidio. A esto se suma una epidemia de ciberviolencia sexualizada, reflejada en el descubrimiento de redes masivas como la “Rape Academy” destapada por CNN, y otras redes en Telegram y Facebook en México, Argentina y Portugal, dedicadas a compartir imágenes íntimas sin consentimiento.
A inicios de 2026 se destapo el escándalo de los archivos de multimillonario Jeffrey Epstein que evidencia un engranaje de poder transnacional y una red global que entrelaza a las élites más poderosas del mundo y políticos de alto nivel,presidentes y expresidentes como Donald Trump, Bill Clinton y Andrés Pastrana, salpica a los miembros de las casas reales de Gran Bretaña y Noruega y a multimillonarios dueños de empresas de tecnología e Inteligencia Artificial, como Bill Gates y a funcionarios de los servicios de Inteligencia de Mossad (Israel), la CIA (EE. UU.) y el MI-16 (Gran Bretaña).
Esta es una sistemática misoginia que demuestra la deshumanización y mercantilización extrema los cuerpos mujeres y niñas para ser torturados, violados o asesinados en propiedades. Existe una impunidad absoluta, ya que quienes deberían aplicar el derecho son los mismos que participaban en los crímenes. Esto refuerza una idea fascista de la “Raza Superior del hombre dominante” y Eugenismo Epstein y sus asociados de la alta burguesía transnacional se consideraban una raza superior, vinculada a corrientes de eugenismo y transhumanismo, al estilo de las antiguas esclavitudes de la etapa colonial.
Marco Metodológico: Empoderamiento y Educación Popular
Ante esta escalada de misoginia y el asalto sistemático a los derechos de las mujeres —agravado por la extrema derechización en varias naciones latinoamericanas—, surge Trama Violeta. Esta iniciativa se consolida como un espacio creativo y de acompañamiento jurídico integral para mujeres diversas, respaldado por el acumulado histórico en educación popular feminista del Centro de Apoyo Popular, CENTRAP.
El modelo pedagógico de Trama Violeta se fundamenta en los postulados de la socióloga Magdalena León sobre el empoderamiento “para sí mismas”. Se trata de un proceso interno mediante el cual la mujer se reconoce como sujeta de derechos con la capacidad de transformar su realidad, cimentado en tres pilares irrenunciables: la Autonomía, la Autoestima y la Autodeterminación. Bajo este marco, el proyecto implementará en 2026 una serie de cursos virtuales y presenciales que abordan la salud emocional, el autocuidado, la autonomía económica, el pensamiento crítico y la educación digital con enfoque de género. Su objetivo central es promover el bienestar y tejer caminos de dignidad y cuidado respondiendo a los paradigmas contemporáneos.
4. La Ciberfiloginia y la Apropiación Tecnológica como Resistencia
Como parte de su estrategia, expuesta en el marco del webinar “Tejiendo Saberes: Educación Popular y Algoritmos No Sexistas”, Trama Violeta propone la “ciberfiloginia”. Este concepto busca cuestionar la masculinidad dominante y pensar en una sociedad antipatriarcal.
Para contrarrestar la cibermisoginia, el proyecto no plantea la desconexión o el abandono de internet. Por el contrario, a través de metodologías artísticas y participativas, promueve la apropiación crítica de herramientas digitales y de la Inteligencia Artificial. Esto permite cerrar brechas de género, impulsar la incidencia política y facilitar que las mujeres dejen de ser meras víctimas digitales o “objetos de estudio”, para convertirse en las propias generadoras de sus narrativas y evidencias.
5. Conclusiones
Hacer frente a la maquinaria de radicalización de la manósfera requiere, de manera ineludible, exigir regulaciones a las plataformas digitales. Sin embargo, la acción más sostenible radica en la formación de ciudadanías críticas y en la creación de redes de ciberfiloginia. Iniciativas como Trama Violeta demuestran que, mediante la enseñanza digital crítica, la comunicación, el arte y el empoderamiento, es posible tejer redes y comunidades seguras para las mujeres y la población LGTIQ+, que fomenten el apoyo mutuo y la defensa de derechos humanos que caminen la palabra en el lema común “no estás sola”, materializando la sororidad y ratificando que una vida libre de violencias se construye desde el cuidado colectivo y en la cotidianidad comunitaria.
[1] La manósfera o machosfera es un ecosistema digital de comunidades, blogs y foros en línea que promueven una masculinidad rígida, ideas antifeministas y, a menudo, la misoginia. Este fenómeno está conformado por diversos grupos que ven el progreso de la igualdad de género y el feminismo como una amenaza directa para los hombres.
[2] El Tiempo. (2026). Colombia registró el 46% de los asesinatos de defensores de derechos humanos en el mundo en 2025: diez años siendo el país con la cifra más alta. https://www.eltiempo.com/justicia/paz-y-derechos-humanos/colombia-registro-el-46-de-los-asesinatos-de-defensores-de-derechos-humanos-en-el-mundo-en-2025-diez-anos-siendo-el-pais-con-la-cifra-mas-alta-3564584
